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EL MASAJE EMOCIONAL

Autor: J.J. Plasencia
Una técnica para liberar los bloqueos y equilibrar la energía


La vida emocional

La vida es un acto creativo vinculado a las emociones. La expresión de las emociones forma una parte significativa del ser humano, solo hay que imaginarse la vida sin ellas, para sentir el vacío más hondo y sordo de la existencia.

La alegría, el miedo, la sorpresa, la rabia, la tristeza, la felicidad, son algunas de las emociones cotidianas que se expresan como respuesta a las experiencias vividas, y que como es obvio son subjetivas, pero todas ellas se encuentran íntimamente ligadas al sistema nervioso autónomo. Por lo tanto comprenden cambios en la actividad de dicho sistema, incrementando o reduciendo la frecuencia cardiaca, el flujo sanguíneo, la sudoración, la motilidad gastrointestinal y la respuesta respiratoria.

Cuando las emociones se reprimen o no encuentran un espacio para expresarse, producen en el sistema nervioso autónomo un desequilibrio que afecta todos los órganos internos y a la estructura corporal, esto tiene como consecuencia una descompensación energética que inhibe las funciones vitales, creándose bloqueos o nudos de energía que alteran la actividad de los componentes simpático y parasimpático del sistema nervioso, los cuales gobiernan el músculo cardiaco, el músculo liso y las glándulas corporales.

Procesos psicosomáticos

En vista de esta estrecha relación, es comprensible que al reprimir las emociones, la expresión quede alterada, dando lugar a una interrupción de los fluidos de energía. Este fenómeno, en apariencia insignificante, desvaloriza lo que somos, resgistrándose en el cuerpo una tensión generalizada por la contención emocional, que más tarde se pone en evidencia con diversos síntomas. Por eso no es de extrañar que meses o años después, aparezcan dolores en diferentes partes del cuerpo, claramente relacionados con los procesos psicosomáticos, debido a las emociones contenidas o enmascaradas con posturas socialmente aceptables.

Sin el cuerpo las emociones no existen, él guarda los eventos de nuestra vida, la cual se encuentra modelada por las experiencias internas y externas desde que comienza; nacer, crecer, diferenciarnos, relacionarnos, reproducirnos, envejecer,... son parte de una existencia que siempre está acompañada y vinculada a las emociones.

Cuando hablamos del cuerpo emocional, no podemos separarlo del cuerpo físico, ya que todas las emociones o sentimientos se expresan a través de cambios fisiológicos, como respuesta a la actividad del sistema nervioso autónomo. Y aunque se tienen dos percepciones diferentes, éstas se encuentran enmarcadas dentro de una misma anatomía, unidas de tal manera que es difícil localizar el lugar donde pueden encontrarse las emociones.











En qué consiste

El masaje emocional es un trabajo músculo orgánico, que cubre una amplia gama de estados asociados a los procesos psicosomáticos, como respuesta fisiológica de los distintos sentimientos relacionados con la significación social de las emociones humanas. Se basa en este enfoque global e indivisible entre lo físico, mental y la emotividad. Este trabajo corporal intenta destejer el complejo tapiz que se forma entre lo físico, mental y energético, para poder acceder al espacio interior con suavidad y armonía. Se utilizan técnicas específicas de amasado que involucran la descarga de la tensión muscular y la optimización de su función. También se aplican presiones suaves en los puntos de energía que se encuentran a lo largo de los canales energéticos de la medicina tradicional china, movilizaciones de las articulaciones y estiramientos que actúan directamente sobre el sistema somato-sensitivo, básicamente aquellos que estimulan la unidad neuromuscular, que facilita la liberación de la energía encapsulada en forma de bandas que bloquean la circulación de la energía vital y que limita la movilidad corporal.


Todos los recursos que utiliza el masaje emocional se enfocan tanto a los aspectos estructurales como a la red energética que vincula los órganos internos con los estados mentales y emocionales del individuo.

El masaje emocional como todos los trabajos corporales, hace énfasis en la recuperación y en el incremento de la capacidad respiratoria, ya que ésta es la principal herramienta que posee el paciente y el terapeuta para desgranar los nudos de energía que se anidan en las diferentes zonas del cuerpo.

La respiración es la fuente de la vida y el reflejo de nuestra manera de vivirla, de pensar y sentir, con ella establecemos un intercambio entre nuestro mundo interior y el que nos rodea.

La respiración nos permite crear un lazo de comunicación con los procesos internos, ya que es la responsable del continuo movimiento de energía que revitaliza el cuerpo.









Respirar para vivir

El masaje emocional incide inicialmente en la liberación del diafragma para recuperar la relación entre las partes baja y alta del cuerpo, de modo que se libere la opresión del pecho y la rigidez abdominal, ya que esta zona representa la capacidad que se tiene para vivir plenamente.
Cuando una persona emocionalmente equilibrada respira profundamente, su pecho y su abdomen se ensanchan. Por el contrario una persona que no encuentra el modo de expresar sus emociones, respira imperceptiblemente, solo lo necesario, su pecho y abdomen se contraen, colapsando el fluir de la energía.

A partir e reducir la tensión en el diafragma se prosigue la sesión, siguiendo las necesidades específicas de cada persona. En este aspecto juega un papel importante la intuición o la empatía, que nos permite establecer una conexión con el receptor y nos conecta con su energía emocional, permitiéndonos ver y sentir más allá de los síntomas, estableciendo una relación vibracional que amalgama lo físico, mental y emocional, desde el centro de todo lo que vive el paciente. A través de un contacto adecuado se accede al origen de los desequilibrios de energía y a los posibles bloqueos existentes. Sin perder de vista los posibles cambios que el receptor vive o manifiesta a lo largo de la sesión. En este caso la verbalización será necesaria para conocer los estados internos que se experimentan durante el masaje.

En el primer encuentro con el paciente, se establece un diálogo, a modo de referencia, que nos permite tener una visión global de su situación y necesidades. Con esto no pretendemos sacar conclusiones, más bien intentamos recabar pistas para encontrar en el cuerpo lo que se oculta detrás del dolor, incluso de las palabras y las posturas. Solo a través de palpar y rastrear la energía podemos aproximarnos a lo que se encuentra en lo profundo de los procesos psicosomáticos.








El terapeuta emocional, a partir de sus conocimientos teóricos y prácticos, desarrolla una capacidad y habilidad sensorial que le permite encontrar y abrir las puertas negadas del cuerpo, desvelando el origen de los bloqueos existentes y facilitando la entrada de la luz a los espacios que se ocultan tras las sombras de la memoria corporal. El cuerpo es el vehículo que él utiliza, para escuchar lo que no le dicen las palabras, ya que el lenguaje verbal en la mayoría de los casos no alcanza a comunicar realmente lo que se siente. Porque el hecho de que una emoción no se exprese, no quiere decir que no exista.












Fuentes y orígenes

El masaje emocional lo han desarrollado observando su proceso individual, reconociendo el propio cuerpo emocional, ayudado por el trabajo corporal y con la fuente inagotable de la experiencia terapéutica, a través de meses y años de seguimiento en casos específicos. Para ello se ha valido de los fundamentos de la medicina tradicional china, que constituye en muchos de los casos la fuente de inspiración para crear o desarrollar las nuevas teorías, especialmente las que aportan los nuevos hallazgos de la neurociencia y la medicina psicosomática, la cual confirma una vez más lo planteado por Sócrates hace 2.500 años “El cuerpo y la mente se encuentran estrechamente conectados en ambas direcciones”.

Por la experiencia personal, se viven diversos procesos psicosomáticos debido a deudas emocionales, si en esos momentos se niegan los sentimientos que originaron estos procesos, recurriendo a la medicación para aliviar los síntomas, nunca se superan realmente. Las evasiones traen como consecuencia posterior, otros desajustes en el organismo, que se manifiestan como insomnio, fatiga injustificada y estados de ánimo irascibles. Por el contrario, cuando nos permitimos abordar las emociones que se agitan en nuestro interior, acompañados por un trabajo corporal, como puede ser el masaje emocional, la tensión física se libera, para dar espacio al proceso natural de curación.







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